Rune Quest 6, Mediterráneo Mítico

Este blog se ha creado como complemento a una campaña que estamos jugando con el suplemento Mediterráneo Mítico del juego de rol Rune Quest 6, publicados en español por la editorial Runa Digital.
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martes, 23 de febrero de 2016

Relatos de la aventura Sariniya's Curse (I)

Introducción

Comienzan las andanzas de nuestros personajes (Pj's) en nuestro Mediterráneo Mítico. En esta ocasión estamos jugando la aventura gratuita "Sariniya's Curse" (en inglés) de The Design Mechanism que podéis encontrar, entre en otros muchos sitios, en el foro Rune Quest 6.

Ni que decir tiene que para aquellos que piensen jugar la aventura en un futuro, no recomendamos su lectura, ya que, aunque a nuestra manera, la describiremos total o parcialmente según hacia donde nos lleven nuestras andanzas.

Personajes

La partida comenzó con la creación de personajes, tras la cual el grupo quedó formado por los siguientes miembros:
  • Leónidas: Hombre-león, devoto espiritual del Culto a los Espíritus de la Caza.
  • Jenofonte: Ciudadano espartano (espartita), "Eiren de los Homoioi" (pág. 56 del suplemento Mediterráneo Mítico) compañero de falange y amigo de Euro.
  • Euro: Aristócrata espartano (espartita por ascendencia) que sujeto a las presiones sociales, a las de su padre (miembro de la gerusía) y a las de Jenofonte, se está planteando entrar en la Hermandad Homoioi para seguir los pasos de su padre también en política.
  • Kustulyan Themorenko (Kus para los amigos): Un pequeño kender, ladrón de profesión.
El trasfondo de cada uno de ellos queda aún por definir aunque ya hemos hecho las tiradas de eventos y familia pertinentes. Con la excepción del de Kus, que prácticamente lo ha terminado y del que hablaremos en una próxima entrada.

La Carta

Día 19 del octavo mes en el año 350 a.C 

Todas las mañanas, Elisario -padre de Euro- se levanta antes del amanecer y desayuna con los primeros rayos de sol en su lugar preferido: un hermoso dosel formado con los sarmientos de dos enormes parras, ahora con escasas y macilentas hojas amarillas y rojas, desde donde se puede disfrutar de la vista de sus cultivos recién vendimiados. Un suave vino aguado, acompañado de pan de centeno tostado y frutas diversas, le dan las energías necesarias para enfrentarse a las responsabilidades que su cargo como gerusía de Esparta le deparan a lo largo del día.

Pero esta mañana sus hábitos diarios han tenido que sufrir una ligera variación. Anoche, a unas horas intempestivas, llegó un mensajero de su cuñado Trimóstenes "el Dorado" con un escrito de petición de ayuda, que no debía ser muy urgente pues Lampus, su más fiel y antiguo esclavo -responsable de este palacio de verano- no le despertó, pero sí le ha informado en cuanto se ha levantado dejando a Miriona dormitando todavía en la cama.

Hacía tiempo que no sabía nada del bueno de Trimóstenes, quizás demasiado. Él vive en Pérgamo y ellos en Esparta, pero como su primo es un gran viajero, que por algo es miembro del gremio de Comerciantes de Riesgo, cuando ha pasado cerca siempre ha encontrado tiempo para realizar una visita llena de alegría y regalos.

—Un gran tipo este Trimóstenes— comentó al mensajero antes de romper el sello familiar del pergamino. El capitán de navío sonrió afirmando. —Sí mi señor, es un gran hombre.

El mensaje era escueto, un sencillo ruego sin muchas explicaciones y tras leerlo, Elisario, acostumbrado desde joven a tomar decisiones de forma rápida -tanto entonces en el campo de batalla, como ahora en el no menos mortal campo de la política- rápidamente urdió un plan en el que por un lado ayudar a su primo y por otro conseguir que su hijo Euro se tomase en serio su futuro en la política de una vez. Así que sin más dilación envió un esclavo a casa de Jenofonte con el aviso de que se presentase a desayunar con él.

Jenofonte vivía en la polis de Esparta, es un eiren casado, pero aún no ha recibido tierras debido a un turbio asunto del pasado, del que prefiere no hablar <<hasta que resuelva>>. Como responde a los pocos que osan preguntar sobre ello.

Preparado desde el amanecer como todos los días, el esclavo de Elisario, un niño de nombre Amelaro, le encuentra entrenando en su casa antes de ir al agogé a enseñar a las nuevas generaciones de espartanos. Sudoroso por las prisas de la carrera a la que ha sometido a su synoris (carro pequeño tirado por 2 caballos) entre jadeos solicita la presencia de Jenofonte en la casa de verano de Elisario.

Sin tardar más tiempo que el necesario para ponerse una toga adecuada, Jenofonte marcha con el esclavo, cruzan a toda velocidad las principales calles de la gran polis y acceden al camino del oeste, en dirección a la finca.

By G.dallorto (Own work) 
[CC BY-SA 2.5 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.5)], 
via Wikimedia Commons
Cuando llegan, el desayuno está servido en el dosel de sarmientos y tanto Elisario como su hijo Euro se encuentran sentados junto al capitán que trajo el mensaje de Trimóstenes.

—¡Querido amigo! ¡Que rápido has llegado!— le felicita Euro con una sincera sonrisa en cuanto lo ve acercarse.

Después de un fuerte abrazo, ya en la mesa, le presentan al capitán como Abdel y recibe una cálida bienvenida de Elisario.

— Te estábamos esperando, estos dos no querían soltar prenda hasta que llegases.

En el desayuno priman las buenas formas, en todo momento la conversación es muy cortés y referida a la familia de los invitados, seguida de preguntas sobre sus asuntos de interés, para acabar con el ofrecimiento de recuerdos para sus allegados. Pero una vez terminado, Elisario toma la palabra y explica el motivo del mensaje de su cuñado, que no es otro que el de solicitarle ayuda en un asunto personal y del que prefiere que no se sepa nada en Pérgamo. Tampoco quiere informar a sus hijos, ahora a cargo del negocio familiar, <<ya que bastantes problemas tienen.>> 

Su solicitud de ayuda consiste en que le haga llegar a un par de esos magníficos guerreros espartanos, junto con otros tantos hombres de habilidades más especiales o esotéricas, a los que pagaría muy adecuadamente. La misión consistirá en hacer de guardaespaldas mientras realizan un viaje hacia una isla que por ahora prefiere mantener en secreto y en la que desembarcarán en busca de un templo en el que el propio Trimóstenes ha de hacer una ofrenda.

<<El viaje por mar será sencillo, pero una vez en la isla no sé a qué nos enfrentaremos, por ello te ruego encuentres un equipo con habilidades para resolver cualquier situación por variopinta que sea>> concluye su solicitud y después pasa a temas más familiares, preguntando por todos y prometiendo que si todo sale bien, pronto irá a visitarles ahora que ya no tiene obligaciones laborales y sus hijos conocen perfectamente el negocio.

—Así que, querido hijo, esta es la situación: Nuestro familiar necesita ayuda y nosotros debemos prestarla. Sé que vuestra falange se tiene que reunir en breves fechas, pero esta misión acompañada de mi solicitud personal a vuestro mando, podría bastar para que aplacéis el reingreso, de todas formas solo os vais de maniobras para vigilar las fronteras.

Ante la perspectiva de unas aburridas maniobras militares o ayudar a su familia, Euro no duda un instante y rápidamente involucra a Jenofonte.

—Por supuesto que iremos padre. Es nuestra familia y además nos vendrá bien un poco de acción de verdad, no solo entrenar y vigilar helados caminos, intransitables por las nieves del invierno.

—Yo estoy preparado, solo necesito ir a casa para recoger los pertrechos y despedirme de mi esposa. Además, tener aliados en Pérgamo puede facilitar las cosas si finalmente entramos en guerra con esos salvajes macedonios.— Comenta Jenofonte, mucho más versado en las vicisitudes políticas que su amigo.

—Debemos partir cuanto antes, Pérgamo está a más de una semana de viaje y una vez en Persia podremos buscar al resto de los miembros de la compañía, mientras vamos atracando en los puertos costeros— dice Abdel, animado por la resolución de los dos espartanos.

—Pues sin más dilación, salís esta tarde después de comer.— Sentencia Elisario.


Kus

Imágen del blog Almacén de clásicas 

Jenofonte sale puntual de su casa y da un último abrazo a su amada esposa, un beso entre suaves lágrimas les despide con la promesa de una pronta vuelta.

—Es mi deber, mi amor. Un gerusía necesita de mis servicios fuera de la ciudad, pero tardaré menos en volver que si me fuera de servicio con la falange. Ya verás como volveré muy pronto y entonces nos iremos juntos al campamento.

—Cuídate esposo mío. No asumas más riesgos de los necesarios. Hades no tendrá piedad de separarnos en esta vida y yo... yo no podría vivir sin ti.

El camino al puerto es corto, viven cerca del río que atraviesa la ciudad, el Eurotas, y el pequeño puerto fluvial se encuentra en el, siempre abarrotado de cajas y tenderos, ágora de Esparta. Apenas cargado con un macuto relleno con su equipo de campaña, sus melancólicos pasos le acercan al punto de encuentro, a la par que le alejan de su familia y casi sin darse cuenta ya está sobre el pequeño barco mercante, de nombre Anexeya, donde es recibido por el capitán del navío Abdel, ahora apenas vestido con una corta faldilla ceñida con un ancho cinturón de piel negra y calzando unas livianas sandalias anudadas a la pantorrilla.

Pocos minutos después llega Euro luciendo una imponente armadura y montado en una cuadriga conducida por un viejo esclavo, unos pasos atrás trota a su lado un joven, más bien un niño, -apenas tendrá 11 años- de gran parecido con el conductor y solo vestido con un taparrabos dejando ver la marca de propiedad de la familia Elisandro.

—¡Soltad amarras! ¡Izad la vela! Volvemos a casa amigos— dice el capitán sonriendo desde el timón. Las veinticuatro manos expertas de la tripulación, en pocos segundos han puesto a navegar al barco de vela cuadrada rumbo al sur, a favor de la corriente fluvial en dirección al mar.

Cuando ya se han separado del puerto se oye un grito de entre la multitud —¡Por todos los dioses, coger a ese pequeñajo!— El que chilla no es otro que Jirobas "el Usurero", un mal bicho que se dedica a esquilmar a los más necesitados, ofreciéndoles dinero a cambio de que le devuelvan el doble del importe entregado. Como esto suele quedar fuera de sus posibilidades, enseguida reclama los escasos bienes que aún queden en poder del pobre menesteroso y se queda también con sus hijos e hijas a los que prostituye en los antros más bajos de la urbe, verdadero objetivo de este hijo de mil padres.

Desde la borda, nuestros amigos espartatitas ven como de entre la multitud sale a todo correr un pequeño kender, de menos de metro y medio, que sin dudarlo se sube como un gato a un cabestrante de madera para descolgarse por la cuerda a la vez que se va balanceando y a continuación, lanzarse a la cubierta de la Anexeya dando una voltereta en el aire.

Cae de pie y con un elegante gesto se atusa el guardapolvos de piel que le llega hasta el suelo, y con un extraño acento se presenta —Buenos días soldados y capitán— saluda con un gesto de cabeza —Mi nombre es Kustulyan Themorenko y he visto que partís de esta magnífica ciudad, así que me he tomado la libertad de alistarme en su navío... Seguro que encontraréis utilidad para mis cuantiosas habilidades en este hermoso barco, solo pido a cambio comida y pasaje.

—Me parece que este pequeño es el que tiene las habilidades que nos hacen falta— le susurra Euro a Jenofonte con una socarrona sonrisa.

—Odio a Jirobas— es la escueta respuesta de su amigo.

Leónidas

Día 26 del octavo mes en el año 350 a.C 

El viaje ya dura siete días, cuando el Anexeya arriba a un pequeño puerto pesquero con intención de comerciar. Va a intercambiar algo de vino espartano por pescado fresco ahora que están cerca de la siempre hambrienta ciudad de Pérgamo.

Los tres compañeros desembarcan junto al capitán y dos marineros (uno de ellos siempre está detrás de Tas) camino del mercado. Las calles son de tierra, lodo más bien, haciendo el paso inseguro cuando suben hacia la casa amurallada que se encuentra en la cima de la pequeña colina, allí donde se hacinan las pequeñas casas de comerciantes y pescadores buscando la seguridad de sus murallas.

Tras un recodo escuchan las voces de una multitud que rodea algo o a alguien —Es un león de los dioses— dicen unos —No, es la venganza de Artemisa por nuestros excesos— dice otro. 

—¡Nos va a comer a todos!— grita alguien y el miedo comienza a florecer entre los curiosos. 

—¡Llamar a la guardia del señor!— Poco a poco el pánico está haciendo mella entre los ciudadanos allí congregados.

Tas, incapaz de dejar pasar esta oportunidad, avanza entre la multitud seguido de cerca por el resto de compañeros que le intentan coger para evitar meterse en problemas. Aunque para cuando quieren darse cuenta ya están enfrente de un león bípedo de gran complexión, lleno de colgantes, huesecillos y pequeñas bolsas con extraños glifos pintados. Su armadura bezanteada completa no augura nada bueno.

Viéndose acorralado, el extraño hombre-león de un salto se sube a unas cajas de pescado salado y con una voz mitad susurro, mitad ronroneo intenta aplacar a la cada vez más aterrorizada masa.

—Mi caza me ha traído a "vuestgra" isla, pero ya he terminado y solo "quiegrro" encontrar una barca en la que volver a mis pastos. Puedo pagar...— y de su macuto saca la piel de un enorme oso negro.

Sus palabras y sobre todo mostrar la piel de uno de los mayores peligros de la isla, tranquilizan algo al gentío y aunque alguno aún sostiene su tridente en alto, ya no lo hace con el mismo miedo.

—¡Ya tienes barco!— Grita pletórico Kus. Pero enseguida se da cuenta de que quizás ha hablado muy deprisa, entonces se gira y mira a sus compañeros espartanos con una cara a la par simpática y suplicante mientras echa ligeramente hacia atrás las puntiagudas orejas —¿verdad?

Jenofonte casi no puede evitar asomar una sonrisa hacia Kus, pero Euro más preocupado por su misión avanza un paso hacia el hombre-león.

—Depende... ¿Qué cazas?

—Espíritus, en su mundo y en el nuestro— responde con total naturalidad Leónidas.

—Bienvenido pues. Parece que los dioses han querido unirnos para nuestra próxima aventura.

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